Ser cuidador -ya sea de manera profesional o dentro del ámbito familiar- suele generar estrés con el paso del tiempo. Numerosos estudios han demostrado esta sobrecarga[1]. Reconocerla es el primer paso para empezar a cuidarse si se ejerce esta labor.
Según la Encuesta de Condiciones de Vida[2] del INE (2024), el 13% de los hogares españoles cuenta con al menos una persona en situación de dependencia:
- En el 26% de estos hogares, la persona dependiente ha contado con el apoyo de una cuidadora profesional que le ofrecía atención en su propio domicilio.
- El 37% de los hogares tenían una necesidad no cubierta de servicios de cuidados a domicilios ya fuera porque no disponían de ellos o porque requerían más horas de cuidados.
Por otro lado, el informe Unpaid care in the EU[3] revela que el 45% de la población europea proporciona cuidados no remunerados y estos son realizados en su mayoría por mujeres. Asimismo, destaca su impacto en la salud, el bienestar y la economía en las personas que realizan estas tareas:
- Hasta el 50% de las personas cuidadoras experimentan problemas de salud mental
- Y un 39% dice tener dificultades económicas relacionadas con las tareas del cuidado.
Pero, más allá de las consecuencias económicas, el diagnóstico de una enfermedad o una situación de dependencia crea una importante carga física, mental y emocional no solo para la persona cuidadora, sino a toda la unidad familiar: altera las rutinas, reduce el tiempo libre disponible o puede generar sentimientos de agotamiento, preocupación o aislamiento social.
Por eso este post no solo destaca las señales para reconocer el estrés sino una serie de estrategias prácticas para combatirlo.
¿Por qué aparece?
El estrés no siempre se muestra de manera visible y clara. A veces se esconden detrás de un estado de ánimo, de varias noches sin dormir bien o de un dolor en alguna parte del cuerpo. Otras veces se nota en la sensación de no llegar a tiempo a todas las tareas, en sentir cansancio, falta de motivación o, incluso, sentir culpa por querer un respiro.
Entre las señales más comunes se encuentran:
- Cambios de ánimo frecuentes o irritabilidad.
- Dificultades para dormir o sensación de descanso insuficiente.
- Dolor o tensión muscular.
- Problemas digestivos.
- Cansancio continuo.
- Pensamientos de culpa o frustración.
- Aislamiento o pérdida de interés por lo cotidiano.
Escuchar estos avisos permite actuar antes de que el malestar crezca. El cuerpo y la mente siempre hablan, por eso es importante saber detectar a tiempo estas señales de alerta.
Estrategias prácticas para aliviar el estrés
No existen soluciones mágicas, rápidas y universales, pero sí estrategias sencillas y que pueden ayudar a recuperar el equilibrio de cada persona que ofrece cuidados.
1. Hacer un hueco al autocuidado
No es necesario esperar a tener tiempo libre para descansar. Por ejemplo, un paseo corto, una taza de té en silencio o unos minutos de respiración pueden ser suficientes para reconectar con el trabajo. Un consejo: las pequeñas pausas diarias son las que sostienen en el largo plazo.
Lo importante no es cuánto tiempo se dedique sino tener un rato para el autocuidado cada día. Si la persona a la que se cuida duerme o ve la televisión después de comer, se puede aprovechar ese tiempo para respirar, leer o mirar por la ventana.
2. Incorporar la respiración y la relajación
Técnicas como la respiración profunda o la relajación muscular ayudan a disminuir la tensión acumulada. Bastan unos minutos al día para notar la diferencia.
Existen varios tipos de relajación:
- Respiración diafragmática: colocar una mano en el pecho y otra en el abdomen; al inhalar, el abdomen sube más que el pecho.
- Respiración 4-7-8: se inhala 4 segundos, se mantienen 7 y se exhala 8.
- Relajación muscular progresiva: contraer y relajar cada grupo muscular.
También se pueden cerrar los ojos y recorrer el cuerpo con la mente, soltando la tensión de los hombros, la espalda o el cuello. Estas técnicas pueden practicarse 2 o 3 veces al día, incluso en momentos cortos.
3. Priorizar las tareas
No todas las tareas son urgentes. Conviene priorizar lo importante y dejar lo menos urgente para otro momento. Por eso si se quiere evitar la sensación de desbordamiento, organizarse es clave, además de:
- Aprender a distinguir lo esencial. Por ejemplo, hacer una lista corta de lo que realmente se necesita hacer hoy.
- Dividir las responsabilidades en pasos más pequeños. También se puede pedir ayuda si una tarea se complica o se percibe como demasiado exigente.
- Y establecer límites claros. Hay que recordar que no pasa nada si queda algo pendiente.
4. Aprender a delegar
Cuidar no es una tarea solitaria, aunque a veces lo parezca. ¿Qué se puede hacer?
- Hablar con los familiares o vecinos para que ayuden con alguna tarea.
- Pedir información sobre los servicios de respiro familiar a través de los servicios sociales del barrio.
- También existen asociaciones y grupos de apoyo donde se pueden compartir emociones y recomendaciones útiles de otras personas cuidadoras.
5. Cuidar lo básico
Dormir lo suficiente, mantener una alimentación equilibrada, hidratarse y moverse con regularidad son pilares del bienestar. Aunque parezcan obvios, suelen ser los primeros hábitos que se descuidan.
6. Buscar apoyo emocional
Compartir las emociones con otras personas -ya sea amistades, familiares u otros profesionales – ayuda a liberar la carga mental. Los grupos de apoyo también son espacios muy valiosos para sentir acompañamiento y compartir experiencias, recursos y herramientas.
También es útil llevar un diario para poder escribir pensamientos, emociones, retos y, ante todo, reconocer las emociones difíciles en ciertos momentos. Quizá, más adelante, podría ser una herramienta muy útil de seguimiento de la persona que se cuida.
7. Tener momentos de placer
Leer, escuchar música, caminar, pintar o realizar una afición es una necesidad vital para todas las personas en su rutina. Probar nuevas actividades o recuperar aficiones antiguas pueden ayudar a recordar el propósito del cuidado, además de recuperar la motivación en etapas complicadas.
8. Seguir formándote
La formación puede convertirse en una poderosa aliada frente al estrés: aprender nuevas técnicas, participar en talleres o compartir herramientas con otras personas cuidadoras ayuda a afrontar las dificultades con más recursos y reduce la sensación de incertidumbre, preocupación y sobrecarga en torno a los cuidados.
Pasos para aplicar estos consejos
Importante: no hace falta hacer todos estos consejos a la vez, eso sólo generará un mayor estrés. Aquí algunos pasos sugeridos:
- Elegir una de las estrategias. Por ejemplo, la respiración y practicarla durante una semana.
- Observar los sentimientos para saber si esa elección reduce el estrés.
- Añadir otra segunda estrategia si se ha conseguido progresar en la primera. Por ejemplo, ir a nadar como actividad.
- Hacer revisiones periódicas con preguntas clave: ¿Qué funciona? ¿Qué hay que mejorar todavía? ¿Se ha reducido el estrés?
- Compartir con alguien lo que aplicas; no lo hagas todo en soledad.
[1] Nivel de estrés en cuidadores formales e informales de personas dependientes y su repercusión en salud mental. Universidad de Valladolid: https://uvadoc.uva.es/handle/10324/42031
Sobrecarga, ansiedad y depresión en cuidadores de pacientes incluidos en el programa de atención domiciliaria: https://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1134-928X2013000300005
[2] Encuesta de Condiciones de Vida realizada por el INE (2024): https://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INESeccion_C&cid=1259950772779&p=%5C&pagename=ProductosYServicios%2FPYSLayout¶m1=PYSDetalle¶m3=1259924822888
[3] “Unpaid care in the EU” (Eurofound, 2025): https://www.eurofound.europa.eu/en/publications/all/unpaid-care-eu