Para muchas familias, las fiestas navideñas son sinónimo de celebración, reencuentros y sobremesas interminables. Pero, para algunas personas mayores, pueden convertirse en días agotadores: cambios de rutina, ruido, casas llenas, cambio de dieta…etc. Todo eso que afrontamos como algo normal en este momento del año puede generar cansancio, confusión o incluso cierta tristeza a todas las personas, pero especialmente a las personas mayores.
Si te dedicas a cuidar a una persona mayor, quizá ya lo hayas notado otros años: esa mirada perdida en mitad de la comida, el gesto de cansancio o confusión cuando hay demasiada gente hablando a la vez o la tristeza por quienes ya no están. No es falta de motivación, es que las fiestas, tal y como solemos vivirlas, pueden exigir un esfuerzo extra.
Esta misma situación ocurre también en otros momentos festivos del año en los que cambian las rutinas, como por ejemplo en verano. En nuestro blog escribimos sobre ello en Consejos para combatir la soledad no deseada de las personas mayores en verano, donde recordamos que los cambios estacionales pueden intensificar el aislamiento, el estrés o el malestar.
Por eso, preparar estos días pensando en la salud de las personas mayores puede marcar una diferencia enorme. Aquí van algunas ideas que pueden ayudarte.
1. Mantén las rutinas lo más estables posible
Los días festivos suelen romper horarios… pero para muchas personas mayores, ese horario es un ancla. Por ejemplo, ayudan a las personas con alzhéimer u otras demencias a sentirse seguras en su entorno, y así reducir la ansiedad.
Si puedes, intenta que la medicación, las comidas o las siestas sigan un orden parecido al habitual. No hace falta rigidez: basta con cuidar un poco los tiempos para que la celebración no acabe generando más cansancio y estrés de la cuenta.
Un truco sencillo: avisa con antelación de lo que va a pasar ese día. Saber cuánta gente vendrá, cuánto durará la comida o cómo se sucederá la celebración ayuda a que la persona mayor no se sienta desbordada ni desorientada.
Si te interesa profundizar en cómo los cambios de rutina afectan al estado emocional, puedes leer La historia de Araceli e Isidro: cuidar con cariño, vivir con tranquilidad, donde mostramos cómo pequeños ajustes diarios pueden mejorar muchísimo el bienestar.
2. Crea espacios tranquilos para cuando necesiten descansar
Las casas se llenan, los niños corren, la televisión está encendida y las conversaciones se solapan. A veces, un pequeño rincón con una silla cómoda y algo de silencio puede ser un refugio perfecto.
No hace falta aislar. Solo ofrecer un lugar donde poder retirarse un momento a descansar o respirar.
Si tienes visita, explícaselo a la familia con naturalidad: “Este es el espacio de descanso. Si lo necesita, sabe que puede venir aquí un rato.” Ese gesto tan simple suele funcionar muy bien.
3. Dales un papel durante la celebración
Que tengan un rol activo evita que sientan que solo “están ahí”. Puede ser algo pequeño, pero muy significativo:
– colocar las servilletas,
– elegir un villancico,
– revisar la bandeja del turrón,
– contar una historia familiar que a las nuevas generaciones les encantará escuchar
– O jugar un mus o a otro juego de mesa tradicional.
4. Piensa también en las personas cuidadoras
Las fiestas no solo pueden descolocar a las personas mayores; también pueden hacerlo con quienes cuidan, que a veces llegan a estas fechas cargando meses de esfuerzos, noches con poco sueño y días llenos de gestiones.
Quizá tú seas una de esas personas. Si es así, este mensaje es para ti: tú también necesitas un respiro y rodearte de tu familia en los días especiales.
La revista MedlinePlus Magazine, en su artículo “Cuídese mientras cuida a otros”[1], lo recuerda de forma muy clara: el cuidado solo es sostenible si quien acompaña también se cuida a sí mismo. Y si sientes que estás llegando al límite, te invitamos a leer Manejo del estrés para cuidadores: estrategias prácticas, donde compartimos herramientas prácticas que pueden ayudarte a recuperar aire.
Durante las fiestas, prueba esto:
– reparte tareas con otros familiares para dividir responsabilidades
– reserva un momento solo para ti, aunque sea breve
– pide ayuda cuando la necesites
– no intentes llegar a todo si ya no puedes más
– respeta el horario laboral de la persona cuidadora y prevé con tiempo si necesitáis refuerzo para estos días.
Para reforzar este punto, la OMS[2] señala que el exceso de estrés en las personas cuidadoras aumenta el riesgo de ansiedad, agotamiento emocional y problemas físicos si no se interviene a tiempo.
5. Adapta los planes para que todos puedan disfrutar
Un paseo más corto, una comida más ligera, un horario un poco adelantado. A veces, la mejor celebración es la que respeta los ritmos de todas las personas implicadas. Por ejemplo:
- Si tienes niños cerca, explícales cómo moverse cuando hay una persona con movilidad reducida. Lo entienden enseguida y, además, se sienten importantes al “ayudar”.
- Si hay desplazamientos, que sean cómodos.
- Si hay visitas largas, intercala ratos tranquilos.
- Si hay emociones fuertes, acompáñalas con paciencia.
Las fiestas no necesitan ser perfectas para ser bonitas. Solo necesitan ser accesibles y amables para todas. Prepararse para las fiestas es preparar un hogar donde cada persona encuentre su sitio: la persona mayor, la familia que acompaña y quienes cuidan a diario.
La Navidad, los encuentros y los brindis pueden ser una oportunidad para acercarnos más, escucharnos mejor y compartir lo que cada uno necesita. En Clara en Red lo decimos a menudo: cuidar es acompañar con dignidad, también en las pequeñas cosas. Si este año pones un poco de atención en esos detalles, verás cómo las fiestas cambian de ritmo. Y quizá descubras algo importante: que celebrar, cuando se hace desde el cuidado, se siente mucho más cerca de casa.