Los cuidados serán uno de los empleos con más crecimiento en España en 2030. El informe “Empleos del mañana: Sociales y Verdes” [1] asegura que se crearán cerca de 1,4 millones de puestos de trabajo relacionados con la salud y, en concreto, con la atención de personas mayores. El reto a futuro es enorme ya que la población envejece rápidamente y, en 2050, “una de cada tres personas tendrá más de 65 años” según estima el INE.
Asimismo, según el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, casi 59.000 personas ejercían como personas cuidadoras no profesionales de personas dependientes[2] en 2022. Lo preocupante es que “el 71% nunca ha recibido formación, aunque más de la mitad reconoce necesitarla”[3]. Esto evidencia que urge reforzar la profesionalización y cualificación especializada en el sector.
Quien se forma no solo adquiere técnicas y conocimientos, sino que también gana seguridad, confianza y respaldo en sus derechos como profesional. Por ejemplo, la capacidad de adelantarse a posibles dificultades o de reaccionar con calma en situaciones de urgencia, permitirá ofrecer cuidados más seguros, humano y dignos.
Aunque las ventajas de obtener formación especializada son innumerables, hay cinco claves que resumen sus beneficios:
1. Trabajar con más seguridad
Cuidar implica tareas en las que un error puede tener consecuencias graves:
- Un movimiento incorrecto al levantar a una persona mayor puede provocar lesiones tanto en la persona atendida como en quien cuida;
- Un olvido en la medicación puede hacer que la salud se desestabilice,
- O desconocer los derechos como persona empleada, lo que a menudo se traduce en dificultades para gestionar horarios, permisos y vacaciones.
Para evitarlo, la formación enseña:
- Técnicas seguras de movilización —como el uso del giro en bloque para cambiar de postura en la cama o la transferencia asistida de la silla a la cama— y el manejo de productos de apoyo como grúas o andadores, imprescindibles en determinados grados de dependencia.
- Protocolos de administración de medicación y herramientas digitales de recordatorio que ayudan a organizar rutinas médicas, coordinar citas y reducir olvidos.
- Información sobre condiciones laborales y seguridad social para que, además de conocer las ventajas, cuenten con el respaldo de la ley y sepan cómo actuar en caso de enfermedad.
De este modo, las personas cuidadoras reducen la precariedad, los errores y la sensación de falta de control. Al mismo tiempo, refuerzan su confianza, su motivación y su seguridad, transmitiendo tranquilidad tanto a la persona atendida como a su familia.
2. Cuidar sin descuidarte
Sin herramientas, el riesgo de sobrecarga y el nivel de estrés son muy altos. El estudio ‘Hacia la profesionalización de las personas cuidadoras’[4] refleja que la formación —especialmente aquella atención centrada la persona (AICP)— aporta múltiples beneficios, tanto para quienes acompañan como para quienes reciben ese apoyo.
La formación especializada ayuda al profesional a:
- Reconocer los propios límites,
- Disminuir el estrés y la sobrecarga
- Aplicar técnicas de autocuidado
- Gestionar mejor las emociones que surgen a diario
- Mejorar el vínculo con la persona atendida
- Y prevenir el “síndrome del cuidador quemado” a largo plazo.
Estos beneficios no se limitan solo a las personas cuidadoras profesionales. Un buen ejemplo es la Escuela del Hospital Universitario del Vinalopó[5], donde alrededor de 300 familias participaron en talleres prácticos para aprender a cuidar mejor a sus seres queridos. Gracias al apoyo de profesionales, quienes les han enseñado mejores técnicas, consiguieron reducir sus niveles de estrés.
3. Ofrecer una atención personalizada
Cada persona necesita cuidados diferentes, incluso cuando atraviesa una misma situación difícil como la demencia, el alzhéimer, una discapacidad o una etapa de cuidados paliativos. La formación ofrece herramientas para adaptar rutinas de higiene, alimentación o movilidad a las necesidades individuales, y también para acompañar de manera adecuada en estos momentos delicados.
También, es importante aprender herramientas para identificar señales de alerta —desde una úlcera por presión en fases tempranas hasta cambios de conducta que pueden indicar deterioro cognitivo—. Estas técnicas también hacen posible una atención preventiva y personalizada, adaptada al ritmo y las rutinas de cada persona.
Asimismo, las competencias en comunicación son fundamentales porque facilitan la escucha activa, el entendimiento y el apoyo emocional. Gracias a ellas, la persona cuidadora podrá fomentar la autonomía y respetar decisiones y deseos, personalizando el acompañamiento desde un enfoque humano, cercano y creativo.
4. Construir un futuro estable
La formación de las personas cuidadoras es una apuesta por la estabilidad porque:
- Permite que haya menos rotación en los puestos de trabajo
- Favorece empleos con mejores condiciones
- Asegura a las familias una atención continuada
- La oportunidad de trabajar en red
- Y consolida la profesionalización de un sector vital
Además, permite adaptarse a los cambios sociales: desde el uso de la teleasistencia, pasando por las herramientas tecnológicas que acompañan a las personas mayores, hasta aplicaciones de control de medicación.
5. Avanzar en derechos
La Ley de Dependencia, aprobada en 2006, reconoció que las personas dependientes tienen derecho a una atención profesional y de calidad. Eso obligó a regular las competencias de quienes trabajaban en este ámbito y marcó algunos hitos claves:
- En 2008 se puso en marcha el certificado de profesionalidad en atención sociosanitaria, marcando un primer paso real en la profesionalización del sector.
- A partir de 2022, contar con este certificado – o con una titulación equivalente – se convirtió en un requisito para trabajar legalmente en el cuidado domiciliario.
- En 2025, se aprobaron cambios importantes en la Ley que refuerzan los derechos de las personas en situación de dependencia. En este post te contamos cuáles son esas novedades.
A pesar de que la formación supone un avance en los derechos de quienes acompañan y asisten – el acceder a empleos con mejores condiciones laborales, ofrecer más información jurídica, reducir la brecha de género, revalorizar un sector que ha estado invisibilizado durante años- todavía quedan muchos desafíos para situar en el centro a la persona atendida, dignificar la labor de quienes cuidan y asegurar una atención de calidad.
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[1] Informe ‘Empleos del mañana: Sociales y Verdes’ del Foro Económico Mundial: https://www.weforum.org/publications/the-future-of-jobs-report-2025/ Fuente con dato: https://solidaridadintergeneracional.es/wp/cuidados-el-empleo-del-futuro-en-espana-en-2030-se-necesitara-triplicar-el-numero-de-profesionales/
[2] Datos del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones https://www.inclusion.gob.es/en/w/el-gobierno-mejora-la-cobertura-de-los-cuidadores-no-profesionales-de-personas-dependientes
[3] Estudio de Fundación Pilares: ‘Evolución de los cuidados familiares a las personas mayores en España’ (2024): https://www.fundacionpilares.org/publicacion/estudio-no8-evolucion-de-los-cuidados-familiares-a-las-personas-mayores-en-espana/
[4] Estudio ‘Hacia la profesionalización de las personas cuidadoras: formación y competencias necesarias para el cuidado de largo plazo’ del Banco Interamericano de Desarrollo (BID): https://dixit.gencat.cat/es/detalls/Article/hacia_profesionalizacion_personas_cuidadoras.html