El 18 de diciembre se celebra el Día Internacional de las Personas Migrantes. Y si hay un lugar donde la migración está presente, trabaja y sostiene la vida cotidiana en nuestro país, es el sector de los cuidados.
España es el segundo país de Europa con más personal dedicado al empleo del hogar y los cuidados, solo por detrás de Italia. El dato apunta a una realidad evidente: los cuidados sostienen buena parte del día a día del país. Y, en esa realidad, la presencia de mujeres migrantes es especialmente significativa, muchas de ellas cuidando en domicilios a personas mayores y/o en situación de dependencia.
Las cifras ayudan a dimensionarlo. En 2022 había 545.700 personas ocupadas en el trabajo del hogar y los cuidados y 9 de cada 10 eran mujeres. Además, se registraron 374.583 personas afiliadas al Sistema Especial de Empleados del Hogar. Si se observa únicamente la población extranjera afiliada, la feminización sigue siendo abrumadora: 154.995 mujeres, el 94,03%[1].
Pero en cuidados no basta con reconocer que es un trabajo esencial: hace falta garantizar derechos. Eso significa respeto, formación y una red que acompañe. La llamada “crisis de los cuidados” no puede servir de excusa para aprovecharse de quienes cuidan: el cuidado se sostiene con condiciones dignas, nunca a costa de las profesionales.
Un sector imprescindible pero precario
Cuidar a otra persona en su domicilio es un trabajo importante, de mucha responsabilidad, conocimientos y una atención constante que impacta directamente en la vida de la persona atendida y en la de quien cuida. Es un empleo que, en la práctica, marca cómo se trata y se respeta a las personas mayores dependientes, aunque esa importancia no siempre se traduzca en reconocimiento ni en condiciones justas.
El sector todavía sigue siendo un sector con desigualdad: pocos contratos, problemas de regulación en las altas, jornadas interminables, sueldos por debajo de lo legal o encubiertos en algunos casos. Por eso, la profesionalización está íntimamente ligada a los derechos. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT)[2], las mujeres realizan el 76,2% del trabajo de cuidados no remunerado en el mundo y dedican 3,2 veces más tiempo que los hombres. Además, la OIT señala que, si ese trabajo se contabilizara en el PIB global, los cuidados representarían casi el 18% de la economía mundial.
Hace falta mucha más regulación, pero también mayor conocimiento por todas las personas implicadas: tanto las profesionales como las familias. Esto ocurre a veces por desconocimiento de la familia empleadora; en otras porque la precariedad se ha normalizado durante demasiado tiempo. Pero esa normalización se puede y se debe romper, empezando por ofrecer información clara y recursos prácticos.
Por eso, este post reúne cuatro consejos clave para avanzar en el camino hacia la profesionalización en España y trabajar en el sector de los cuidados con derechos. A partir de aquí, ese camino no tiene por qué ser un salto al vacío: puede recorrerse por etapas, desde cuidar sin quemarse y conocer lo básico, hasta aprender a frenar la discriminación y apoyarse en una red que sostenga el día a día.
1. Vocación, pero con formación y especialización
La vocación es importante para cuidar, pero no basta para enfrentarse a situaciones que requieren técnica, formación y especialización. Por ejemplo: movilizaciones seguras para evitar lesiones, prevención de caídas, organización de medicación, apoyo a personas con deterioro cognitivo, higiene y curas de úlceras, alimentación con dietas concretas, comunicación con la familia, gestión del estrés en momentos complicados… etc. Todo lo anterior, se aprende.
Tampoco la vocación te protege si te enfermas, no evita abusos y no debería obligarte a aguantar condiciones injustas. Para cuidarte tú, necesitas derechos y saber que no estás sola en este camino.
Además, formarte te ayuda a negociar mejor tus condiciones, a poner límites con más seguridad y a acceder a empleos más estables porque la profesionalización es un camino de protección.
2. Trabajar con derechos en el cuidado domiciliario
Tener un contrato por escrito, estar dada de alta en la Seguridad Social, cobrar lo que corresponde, tener descansos, días libres y vacaciones, y poder acceder a prestaciones si lo necesitas (por ejemplo, si enfermas o si te quedas sin empleo) es básico.
Si quieres una guía clara, te recomendamos empezar por este post. Y si lo que necesitas es tener a mano recursos prácticos (descansos, permisos, vacaciones, salud laboral, salario, pagas extra…), aquí lo explicamos de forma sencilla.
Los datos ayudan a dimensionar el reto. Según el INE, en septiembre de 2025, más de 1,63 millones de mujeres extranjeras trabajan en España, y una parte significativa lo hace en el sector del hogar y los cuidados.[3] En esa misma línea, el informe Trabajo invisible y cuerpos rotos[4] de Oxfam Intermón señala que en España trabajan este año más de 565.000 personas en el sector: el 32% lo hace en la informalidad, 4 de cada 10 reciben indemnización por despido y un 90% de trabajadoras del hogar sufre dolores musculares.
A esta precariedad se suma otra capa que no se puede ignorar. Un informe[5] de la Asociación Por Ti Mujer denuncia la triple discriminación que existe hacia las mujeres en este sector: por ser mujeres, por su condición de migrantes y por desempeñar un trabajo que todavía se sigue tratando, injustamente, como si no fuera “productivo”.
3. Discriminación: ponerle nombre también es cuidarse
Muchas mujeres migrantes viven situaciones de racismo, abuso, estereotipos y malos tratos: por el acento, por el color de piel, por llevar velo, por el país de origen o por la situación administrativa. Esto es una realidad documentada en distintos estudios y testimonios sobre cuidados y migración por varias organizaciones, instituciones y universidades [6].
Por eso, hablar de derechos es hablar de condiciones laborales, pero también es hablar de discriminación. Si una profesional se siente discriminada en su trabajo, no tiene por qué gestionarlo sola: es recomendable que busque apoyo legal, comunitario y emocional. Buscar una red de soporte y acompañamiento, puede ayudarle a mejorar sus condiciones laborales gracias a la formación e información, y también puede evitar su aislamiento, algo frecuente en este tipo de empleo si no se detecta a tiempo.
El acompañamiento y la información clara son clave para trabajar con derechos y cuidar mejor. Tal y como recoge el informe “Migradas II” de MPDL (2024) no estás sola: infórmate, busca red y denuncia la discriminación.
4 Cuidar en red es protegerse
Trabajar en red protege. Cuando una cuidadora se conecta con otras, pasan cosas importantes: comparte información real sobre condiciones y sueldos, detecta antes ofertas abusivas, aprende a negociar sus condiciones, encuentra formación útil y, sobre todo, se siente acompañada.
Además, la red ayuda a poner nombre a lo que a veces se vive como “algo normal”: horarios que se alargan sin aviso, tareas que se acumulan sin acuerdo, salarios que no se ajustan a lo pactado o exigencias que cruzan límites. En ese intercambio cotidiano se despejan dudas, se comparan experiencias y se gana claridad para tomar decisiones con más calma y menos miedo.
Trabajar en red es una forma de avanzar con más seguridad. Tener información es el primer paso para reconocer lo que corresponde; contar con apoyo es lo que permite sostener ese paso en el tiempo. Por eso, además de los artículos y recursos prácticos, Clara en Red ofrece formación gratuita en derechos laborales pensada para mujeres cuidadoras: para que no tengan que recorrer este camino solas, y para que cada avance hacia la profesionalización vaya acompañado de condiciones dignas.
[1] Libro Blanco sobre la situación de las mujeres inmigrantes en el sector del trabajo del hogar y los cuidados en España (2022): https://www.inmujeres.gob.es/publicacioneselectronicas/documentacion/Documentos/DE1924.pdf
[2] Organización Internacional del Trabajo (2024): https://www.ilo.org/es/resource/news/708-millones-de-mujeres-no-pueden-participar-en-el-mercado-laboral-debido
[3] Instituto Nacional de Estadística (INE). Datos sobre empleo de mujeres extranjeras en España. Madrid: INE. (2025): https://www.ine.es/dyngs/Prensa/EPA3T25.html
[4] Informe Trabajo invisible y cuerpos rotos (Oxfam Intermón, 2025) https://www.oxfamintermon.org/es/nota-de-prensa/empleo-hogar-cuidados-precariedad-informalidad-problemas-salud#
[5] Asociación Por Ti Mujer. Cuidar para sobrevivir. (2023): https://asociacionportimujer.org/cuidar-para-sobrevivir-el-impacto-en-la-vida-de-las-trabajadoras-del-cuidado/
[6] Investigación Mujer inmigrante y empleo de hogar: situación actual, retos y propuestas (2020, Federación de Mujeres Progresistas): https://fmujeresprogresistas.org/wp-content/uploads/2020/12/Estudio-Mujer-inmigrante-y-empleo-de-hogar-FMP-2020.pdf
Precariedad laboral y exclusión residencial en mujeres migrantes trabajadoras del hogar y los cuidados: una vulnerabilidad persistente (2024, Universidad Complutense): https://produccioncientifica.ucm.es/documentos/6671cec6d6750858e1b489a0